El Patio Punitaqui es una distracción a todos los problemas, es un escape para no andar en las esquinas.

 

Jorge Hernández es un adolescente de 15 años que vive con ambos padres y dos hermanos, siendo él, el del medio. Su casa esta cerca del Centro Patio Punitaqui y pasa la mayor parte de su tiempo en él. Hoy forma parte de la comunidad de vida de los monitores, grupo que se ha capacitado por dos años para el trabajo responsable con los más pequeños del centro.
Jorge tenía 5 años cuando empezó a asistir al Patio, y venía a comunidad de vida. Recuerda con cariño “Hacíamos manualidades, juegos, íbamos a la Quinta Normal de paseo, y mi tía siempre ha sido la tía Nilda.

Junto con recordar sus inicios reflexiona en que le ha ayudado la Fundación a través del Centro Educativo: “El Patio me ha ayudado a conocer lugares que no conocía, a salir de la casa donde me aburría mucho. He aprendido a andar en zancos, a hacer malabares, andar en monociclo, a salir de vacaciones, a regularizar mis estudios, a hacer tareas”.

Ante la pregunta de ¿Qué le diría a otras personas que no conocen la Fundación?
Este lugar si no estuviera el Patio sería fome, porque sería un potrero, no saldríamos más a paseo y no me ayudarían en el tema del colegio. Acá se viene a hacer tareas, a jugar, a los talleres, a aprender cosas, el Patio es una distracción a todos los problemas, es un escape para no andar en las esquinas.